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19 septiembre 2023

Bosque profundo

En un bosque profundo y misterioso, la luz del sol apenas penetraba entre las densas hojas de los árboles. Allí, un padre preocupado, David, buscaba frenéticamente a su hijo de diez años, Noah, quien se había perdido mientras exploraban el bosque juntos.

La voz de David resonaba entre los árboles mientras llamaba a su hijo una y otra vez, pero no recibía respuesta. El bosque parecía devorar sus palabras, y el temor se apoderaba de él a medida que avanzaba más profundamente en su búsqueda. 

Mientras tanto, Noah había estado vagando por el bosque durante horas. A medida que avanzaba, las sombras se alargaban y el bosque tomaba un aspecto más oscuro y misterioso. Entonces, algo inusual sucedió. Criaturas diminutas, con ojos centelleantes y vestidas con ropas de hojas y musgo, comenzaron a aparecer ante él. Parecían salidas de una leyenda.

Estas criaturas se presentaron como los guardianes del bosque y le hablaron a Noah con voces suaves y melodiosas. Le dijeron que no tenía que tener miedo, que el bosque no era un lugar hostil. Noah se sintió extrañamente reconfortado por su presencia y comenzó a confiar en ellos.

A medida que pasaban las horas, David seguía buscando a su hijo sin descanso. Sus gritos resonaban desesperadamente en el bosque, pero la distancia y la maleza dificultaban su avance. Sin embargo, algo comenzó a cambiar en el bosque. Los árboles parecían susurrarle a David, como si le indicaran una dirección.

Finalmente, David llegó a un claro en el bosque, y lo que vio lo dejó sin aliento. Noah estaba parado en el centro del claro, rodeado por las criaturas del bosque. Su rostro estaba sereno, y sus ojos reflejaban una sabiduría que iba más allá de sus años. Parecía haber encontrado algo en ese bosque que trascendía la comprensión humana.

David corrió hacia su hijo, pero las criaturas del bosque se interpusieron en su camino. Con voces llenas de tristeza, le explicaron que Noah ya no podía regresar con él. El bosque había reclamado a Noah como uno de los suyos.

Noah miró a su padre con amor y gratitud en los ojos y le dijo que estaba bien, que ahora pertenecía al bosque y que lo amaría siempre. Con lágrimas en los ojos, David abrazó a su hijo por última vez y vio cómo Noah se alejaba, desapareciendo en las sombras del bosque con las criaturas que lo habían acogido.

David regresó a casa con el corazón roto, pero sabía que su hijo había encontrado un lugar especial en ese bosque, donde siempre estaría rodeado de amor y magia. Y aunque nunca más vio a Noah, siempre llevó consigo el recuerdo de su hijo y la extraña belleza del bosque que lo había reclamado.





16 septiembre 2023

Isabella

David caminaba por el parque con su hija pequeña, Isabella, una tarde soleada. Isabella tenía sus ojos azules y una sonrisa que iluminaba el mundo de su padre. Cada momento que pasaban juntos era un tesoro, y David se esforzaba por hacer de cada día una aventura para su querida niña.

Mientras jugaban en el parque, Isabella corrió hacia una fuente cercana para lanzar una moneda y pedir un deseo. David la observaba con una sonrisa mientras ella cerraba los ojos con fuerza y lanzaba la moneda al agua. Sin embargo, cuando Isabella abrió los ojos, su expresión cambió de alegría a confusión y miedo.

"¡Papá! ¡No puedo verte!" gritó Isabella, buscando a su padre con mirada desesperada.

David corrió hacia ella, pero antes de que pudiera llegar, un fuerte destello de luz cegadora los envolvió a ambos. Cuando la luz se desvaneció, David se encontró solo, de pie junto a la fuente.

Desesperado, llamó a su hija, pero no obtuvo respuesta. Corrió por todo el parque, buscando a Isabella, preguntando a cualquiera si la había visto. Nadie sabía nada sobre su pequeña.

David recurrió a la policía y se lanzó en una búsqueda frenética. Los días se convirtieron en semanas, y las semanas en meses, pero Isabella nunca apareció. Las esperanzas de David se desvanecieron gradualmente, y cada día que pasaba, sentía que su corazón se rompía un poco más.

Finalmente, después de una búsqueda infructuosa y agotadora, las autoridades concluyeron que Isabella se había perdido sin dejar rastro. David quedó devastado. Pasó el resto de sus días obsesionado con encontrar a su hija, buscándola en cada rostro de niña que veía en la calle, escuchando su risa en su mente y sintiendo el vacío de su pérdida en su corazón.

El destino había arrebatado a Isabella de su vida de manera inexplicable, dejando a David con una tragedia incomprensible y un dolor que nunca se desvanecería. La pérdida de su hija, su alegría, su razón de ser, se convirtió en una herida que nunca sanaría y una sombra que lo perseguiría hasta el final de sus días.